jueves, 28 de agosto de 2014

Biruté M. F. Galdikas: "Reflejos del Edén"



"Nací para estudiar a los orangutanes porque ellos, como yo, 
pertenecen a los grandes bosques".

Acabo de volver de un viaje a Indonesia, y lo que más me ha tocado ha sido mi encuentro con los orangutanes de Borneo. Como es habitual, antes de viajar a otro país me gusta leer algún libro escrito por una mujer, y en este caso me he recreado leyendo "Reflejos del Edén". Su autora, la primatóloga Biruté María Galdicas, lleva más de 40 años dedicada a estas "personitas" que viven sobre los árboles de la selva de Borneo.

Me fascinan y ablandan mi corazón. Supongo que será por ese aire solitario, independiente, esa mirada inteligente, ese andar sereno... pero lo que más ternura (y tristeza) me produce, es su futuro. Ese incierto futuro consecuencia de un presente devastador con autoría humana. Porque, su hábitat, poco a poco, se va extinguiendo. La deforestación para conseguir madera y la contaminación de sus ríos (la extracción de oro más arriba le descarga sustancias químicas nocivas)... la explotación de individuos para recreo humano de todo tipo (incluida la prostitución de las hembras)...

En fin, la insensibilidad (y perversión) humana no tiene límites. Disfruté de su presencia, ahora lloro por su futuro.





Nacida en 1946, Biruté llegó a Kalimantán (parte indonesia de la isla de Borneo) en 1971 para estudiar a los orangutanes de manera científica, aunque "enseguida me involucré en el rescate y la reintegración de orangutanes nacidos en libertad y capturados por los humanos para tenerlos como animales de compañía o venderlos a zoológicos, circos y laboratorios. Siempre he pensado que rescatar a los orangutanes es tan importante como estudiarlos".

El problema de capturar individuos no es sólo la falta de libertad que se les proporciona, sino que para conseguir bebés, como se aferran a sus madres, hay que matarlas. Muchas veces, después se las desolla, destripa y prepara para el consumo... "a veces, se corta la carne de la madre y se cuelga a secar" y todo esto con la criatura delante... "Entonces metían al bebé orangután en una caja y lo dejaban en la bodega del barco, a veces sin comer ni beber hasta que la embarcación hubiese salido de aguas indonesias. De cada cinco que salían clandestinamente, tres morían en ruta, pero los posibles beneficios hacían que mereciera la pena arriesgarse".

Nacionalizada en Canadá, con padres lituanos, vivió en Estados Unidos antes de introducirse en la selva de Borneo: "Redescubrí los bosques de Canadá donde había jugado de pequeña, las forestas de mis antepasados lituanos y, finalmente, las selvas tropicales, el jardín del Edén donde evolucionaron nuestros ancestros".

Tuvo un mecenas: Louis Leakey, antropólogo de renombre que vivió e investigó en Kenia los orígenes de los seres humanos, estudio que realizó a medias con su mujer. Él tenía predilección por el mundo femenino. Además, pensaba que estos primates aceptarían mejor a una mujer que a un varón, lo cual ella pudo comprobar, al menos con los orangutanes. Fuera por una cosa o por otra, eligió mujeres para las investigaciones. De aquí surgieron Dian Fossey con los gorilas, Jane Goodall con los chimpancés y Biruté Galdicas con los orangutanes.

Planta carnívora

Biruté vivió durante años entre los árboles de Borneo en unas condiciones bastante duras: arroz, sardinas y té con azúcar como monodieta cada día... "En aquel momento, todo aquello por lo que había tenido que pasar -el barro, el calor, la humedad, las lluvias torrenciales, las hormigas rojas, las sanguijuelas, las cobras, las pitones y las víboras, las fiebres, las muertes, las frustraciones-, se volvió insignificante. Supe que mi viaje, la odisea personal en las profundidades desconocidas del bosque y de la mente de los orangutanes que había emprendido muchos años antes, solo acababa de comenzar".

Hace falta para ello una gran energía interna, perseverancia, desapego y afán de mejorar el mundo, cualidades que, sin duda, le sobran.

"En Indonesia estaba prohibido capturar, matar o vender un orangután salvaje, pero la ley rara vez se cumplía. Yo estaba decidida a que las cosas cambiaran".

Los orangutanes llaman la atención por el color de su pelo rojizo, con una distribución similar a la humana. El color de su rostro va oscureciéndose con la edad. Son simios, como los gorilas y chimpancés, diferenciándose de los monos por no tener cola, ente otros aspectos. Las hembras pesan la mitad que los machos, y éstos pueden llegar hasta 135 kg y 1,80 m de altura. Las hembras viven durante años con sus bebés (uno cada diez años, y cuatro como máximo a lo largo de su vida) en zonas concretas, y los machos viven solos y viajan buscando una hembra para aparearse. Su nombre viene de dos palabras malayas: orang y hutan, "personas de los bosques". Junto a los bonobos, son los únicos primates no humanos que copulan de frente.



Se ha dicho siempre que esta especie es menos evolucionada que chimpancés, gorilas y humanos por ser solitarios. Sin embargo, Biruté observó que tienen relaciones entre ellas y ellos, aunque el hecho de necesitar gran parte del tiempo para buscar comida hace que estén más concentrados en esta tarea que en mantener relaciones sociales abundantes. "Los orangutanes no necesitan dar pruebas de sus relaciones o reafirmarlas constantemente, como hacen los chimpancés, los gorilas y, sobre todo, los humanos. Me había costado quince años comprender que, para los orangutanes, una vez se ha establecido un vínculo, es para siempre" (esto lo dice  por el vínculo que una orangutana creó con ella). "El compañerismo entre orangutanes es como el que se da entre viejos amigos, que no necesitan hablar para estar a gusto juntos". "Los orangutanes hacen gala de una inocencia y una sinceridad que los humanos y los chimpancés no podemos permitirnos. En sus maquinaciones sociales, los chimpancés nos recuerdan a nosotros. En su inocencia, los orangutanes nos recuerdan el Jardín del Edén que dejamos atrás".




En su libro habla de cómo sintió una llamada del destino: en una clase de Psicología el profesor habló sobre "la joven británica que estaba viviendo con los chimpancés". "Sentada en el fondo de toda la sala, oí un sonido que venía de muy lejos, un tañido claro como el cristal en la distancia [...] En el momento en que lo oí, supe que estaba hablando de mí ]...] algo se movió en mi interior. Me recordó una frase del físico teórico Stephen Hawking [...] "Si podemos recordar el pasado, ¿por qué no podemos recordar el futuro?" En ese preciso instante, recordé el futuro. Recordé el futuro con una claridad tal que conservo en mi mente ese momento como si estuviera grabado sobre cristal".





Otra faceta suya es su convicción feminista. Comenta que era contraria al matrimonio por considerarlo "un instrumento de dominación a disposición de los hombres mediante el que esclavizaban a las mujeres". Dice que "en términos humanos, los orangutanes eran decididamente sexistas. Yo había alcanzado la mayoría de edad durante los años sesenta, la década en la que las mujeres empezaron a manifestar que no eran diferentes de los hombres. Uno de los últimos libros que leí antes de viajar a Borneo fue El eunuco mujer, de Germaine Greer. Que los orangutanes diferenciaran con tanta claridad a hombres y mujeres era casi alarmante". Sobre el tiempo que tuvo que dedicar a recuperar algún bebé excautivo, y el trabajo que le requirió este trabajo comenta: "A veces me sentía como un ama de casa enloquecida, encerrada con un puñado de hijos traviesos e insensatos. Comprendí por qué las mujeres rara vez ganan el premio Nobel o están a la cabeza de los gobiernos o de los ejércitos. Con cuatro ruidosos niños naranja, que subían literalmente por las paredes y que no paraban de moverse ni de romper cosas, nunca había manera de terminar sin interrupciones una breve carta para mis padres o el informe que deberíamos presentar cada tres meses a las autoridades locales".

"En la tradición judeocristiana fue la serpiente la que ofreció a Eva la manzana del árbol de la ciencia. Esa manzana significaba el inicio de la cultura, de la caza y de la recolección, de la domesticación de animales y plantas que nos ha llevado hasta la ciencia y la tecnología actuales. Por primera vez, me alegré de que Eva hubiera probado la fruta prohibida. La naturaleza había ofrecido a los humanos un camino de salida, a través del desarrollo de la cultura. Tenemos ropa, vivienda, comida cultivada y medicinas. Visualicé un nido solitario con los huesos de Carl en algún lugar del dosel del bosque y otro con los restos llenos de gusanos de Cara y me eché a llorar. La naturaleza no les había ofrecido una salida".

Durante los primeros años tuvo la ayuda incondicional de su primera pareja, estadounidense, encargado de la fotografía. Tras su separación, se casó con el que sigue siendo su marido, un indonesio dayako. Tienen una relación de respeto, como ella dice, "conservando nuestra identidad individual".

Monos narigudos que se ven a ambos lados del río


Un aspecto interesante es la forma de hacer investigación. La investigación científica, patriarcal desde sus orígenes, se ha basado siempre en la objetividad, en la mente racional, en la no implicación en lo observado, y en la asepsia emocional. Muchas investigadoras, desde el feminismo, abogan por otra manera. Biruté decide que las emociones no se pueden dejar fuera, y que "la siguiente vez, sucediera lo que sucediese, no me limitaría a sentarme y observar. Si un orangután nacido en libertad necesitaba ayuda, me pondría en acción, costara lo que costara". Ella comenta que es absurdo no ayudarles cuando lo necesitan, ya que la mayor parte de los problemas que tienen vienen derivados de las actuaciones humanas. Nuestra especie los enferma y los mata, ¿y vamos a dejar que mueran por una supuesta objetividad científica?

"Un par de personas a las que escribí angustiada para contarles la desaparición de GP y la muerte de Cara me contestaron  diciéndome que "dejara que la naturaleza siguiera su curso. Daban a entender que me había vuelto una sentimental, que tenía demasiado apego a los sujetos de mi observación y que, al intentar proteger a los orangutanes en lugar de estudiarlos, me estaba comportando de una manera demasiado maternal. Como carecíamos de técnicas y de experiencia para hacer algo distinto, Rod y yo sucumbimos en parte a la creencia de que los científicos pueden observar objetivamente la naturaleza desde cierta distancia. Pero esto también es una falacia. Los humanos han interferido en el mundo natural hasta tal punto que casi todo lo que sucede en la tierra lleva nuestra impronta. [...] La cuestión no es si interferir o no, sino cómo hacerlo, con qué objetivos".

"Rod y yo no ayudamos a Cara y a su prole porque no sabíamos lo que les ocurría ni qué podíamos hacer. Racionalizamos nuestra inacción en nombre de la "objetividad científica". Pero cuando damos la espalda a la compasión, a la empatía, porque resulta demasiado difícil y su puesta en práctica demasiado compleja, ponemos en peligro nuestra propia humanidad."

Las tres primatólogas han acabado implicándose afectivamente con el objeto de su investigación, lo que les ha generado críticas desde cierta parte de la comunidad científica, también por poner nombres a cada individuos (en lugar de números).




Cuando llegué a Indonesia me dijeron que era muy difícil ver a esta sabia mujer, y cuando entraba por la puerta del aeropuerto pensé: por aquí habrá pasado Biruté un montón de veces... al adentrarnos y girar la cabeza... allí estaba. Mi emoción fue tan grande que le pedí hacerme una foto con ella. La fuerza de su cálido abrazo, me transmitió en unos instantes todo cuanto sentí leyendo su libro.



"Nuestra aparición en la tierra es relativamente reciente; los orangutanes son, como especie, más viejos que nosotros. Me pregunto si, cuando el Homo erectus penetró en Asia, los orangutanes no estarían observándolos desde los árboles. Es un pensamiento que debería hacernos sentir más humildes".



"Son nuestros familiares, nuestros parientes más próximos. Los parientes que nunca salieron del jardín del Edén y que, por tanto, no perdieron la inocencia; los parientes que nunca construyeron herramientas complejas, que nunca utilizaron el fuego y que nunca hicieron la guerra. Son unos parientes que no buscan maestros que ya no están en esta tierra y que nos indican en qué dirección nos movemos. Mi laboratorio es el pariente vivo que ha existido desde hace milenios".



Entrada relacionada: Dian Fossey: "Gorilas en la niebla"

Recomiendo la siguiente entrevista: "La población de orangutanes ha caído a la mitad"

4 comentarios:

  1. Muy bueno, Asun, un auténtico reportaje, que nos permite, además, conocer a otra de las muchas mujeres estupendas que trabajan en el mundo, poniendo otra mirada a la ciencia, la cultura, la investigación...

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  2. Me encanta, como siempre, las reflexiones que haces. Gracias por hacernos partícipes de tus experiencias. Un abrazo enorme.

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  3. Y conocer algo de los orangutanes, esas "personitas" coloradas que corretean por los árboles... un abrazo para las dos.

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